¿Trae la nube una lluvia de atropellos a la privacidad?

La computación en la nube o cloud computing es un servicio en la red que se está implantando en las grandes empresas y permite alojar allí, en ese lugar indefinido, todo tipo de documentos, fotos, vídeos, archivos y aplicaciones de cualquier tipo de forma que desaparece la obligación de alojar ‘nuestras cosas’ en los servidores. Ya no hará falta tener las 1.600 fotos de la familia y los niños cargados en tu PC o portátil porque la ‘nube’ lo acogerá todo.

Me acerco a la Wikipedia y me define de forma correcta y aséptica que es eso del ´cloud computing’.  Dice la popular enciclopedia digital que “es un nuevo modelo de prestación de servicios de negocio y tecnología, que permite al usuario acceder a un catálogo de servicios estandarizados y responder a las necesidades de su negocio, de forma flexible y adaptativa, en caso de demandas no previsibles o de picos de trabajo, pagando únicamente por el consumo efectuado”.

En principio, todos son ventajas para las empresas, las administraciones y las personas lo que ha llevado a las grandes corporaciones a lanzarse a una carrera por la prestación de esos servicios en muchos casos comienzan a hacer mercado con ofertas de gratuidad. Los titulares no engañan, reflejan fielmente la dirección en la que vamos. ‘LG y Microsoft unen fuerzas para cloud computing’. ‘El mercado latinoamericano de cloud computing alcanzará su auge en 5 años’. ‘Apple deslumbra con su iCloud de servicios gratuitos para IPhone, Ipad, Mac y PC.

Otra cuestión es saber como se va a organizar el acceso a todos nuestros datos, es decir, que límites van a tener esos gigantescos proveedores de servicios en la gestión de información que entra en el terreno de la privacidad de la gente. La conversación permanente en las redes aboga por la continua mejora de las tecnologías en un mundo de personas hiperconectadas e interelacionadas de forma permanente, pero el sentido común nos recuerda que tantas bondades no se nos presentan porque si.  Javier Celaya, director del observatorio www.dosdoce.com dedicado al análisis de la implantación de las tecnologías en el sector cultural y una de las personas con más experiencia en el mundo de la red nos recuerda que “hay que conocer el sesgo de las tecnologías en la privacidad y los daños personales que puede tener su uso”. La cuestión no es baladí y menos viniendo de alguien que se caracteriza por ser un auténtico evangelizador de las ventajas de estar en la web 2.0 para las empresas, la educación y la sociedad en general.

Celaya intervino ayer tarde en el curso ‘Redes sociales y museos: reputación y credibilidad en la red’, organizado por la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) y el Museo Picasso de Málaga. En su conferencia, lanzó la propuesta de debatir sobre ‘los derechos de los usuarios en la nube’. Y dio algunas pistas sobre la ruta a seguir. “Los intereses públicos y personales deben estar por encima de los dee empresa y privados” y calificó de “aberración” una práctica que hace Facebook “todas las semanas consistente en cambiar las reglas del juego en beneficio de su negocio sin tenernos en cuenta”. Su mensaje fue claro y contundente. “Hay que estar dentro y tener un pensamiento crítico”. Palabra de evangelizador. Así sea.